«1 de cada 1». Reformulando el título de «Salvados».

El programa de Jordi Évole, «Salvados», que habla sobre la depresión (se puede ver aquí)  ha recibido críticas que reavivan el debate sobre el concepto de salud mental y sobre su tratamiento, que actualmente tiende a reducir la problemática mental a una etiología orgánica.

Seguramente sin quererlo, quizás como fruto del desconocimiento, considero que este programa lde Salvados que habla sobre la depresión, en lugar de haberse orientado con un enfoque amplio y diverso de la temática, ha reducido su mira centrándose en la medicalización como solución a este padecer.

Sin embargo, me gustaría rescatar un aspecto que puede apreciarse, pues los valientes testimonios de las personas entrevistadas dan cuenta de que hay algo más allá del tratamiento centrado en lo orgánico que les ha ayudado. Podemos decir, un tratamiento humano. En el hecho de que hoy puedan encontrarse mejor, incluso disfrutar de momentos de la vida, ha ayudado el encuentro con un profesional que les ha escuchado, un profesional que se ha interesado en ellos como sujetos, personas con un sufrimiento que es siempre en singular. Se les ha reconocido que sufren de algo, y que para describir ese ‘algo’ decir la palabra ‘depresión’ no es suficiente. Eso que les ocurre necesita ser escuchado en sus matices, en su subjetividad.

Recojo por ejemplo parte de uno de los testimonios, el de una chica que cuenta acerca de cuando comenzó a buscar ayuda ante el intenso sufrimiento que experimentaba. Recibió atención psiquiátrica y le decían «Da igual el motivo por el que te pase, la cuestión es que la solución es esta» (medicación). Tuvo un seguimiento cada tres meses -una cita de un cuarto de hora- y ella se queja, diciendo «el psiquiatra no sabía absolutamente nada de mí». Le dio de alta con la condición de continuar con la medicación mientras siguiese mal, y dejarla cuando mejorase, pero mientras tanto ella seguía padeciendo, no le interesaba nada de lo que hacía, tenía ganas de morir… -Desde luego, tuvo que ser una experiencia muy dura.

Quiero resaltar la valiente -y por desgracia pesarosa- búsqueda de ayuda por parte de los entrevistados, queriendo encontrar una vía para salir de su situación y encontrarse mejor. Dan cuenta de un recorrido nada fácil, y lo cierto -y lo que debería alarmarnos- es que tampoco se lo han facilitado. En la búsqueda por recuperarse han encontrado muchos obstáculos (los de la propia enfermedad, estigmas sociales, todo lo que ha conllevado en cuanto a sus relaciones familiares…), y han probado tratamientos que suscitan rechazo (por los efectos secundarios de la medicación, por la experiencia que conlleva un ingreso psiquiátrico, por lo desagradable -muchas veces traumático- de las medidas de contención, o el uso de electroshock…). Todo esto nos dice, cuanto menos, que estamos ante la necesidad de una mejoría en los servicios de salud, no sólo cuantitativa sino cualitativa.

El encuentro con alguien que escuche tu sufrimiento, esta experiencia es fundamental para la salud. La medicación u otros tratamientos derivados de este tipo puede aliviar los síntomas pero no es suficiente para recuperarse. De los relatos de estas personas recojo algo que han considerado valioso: el establecimiento de una relación terapeútica con un profesional que ha atendido su dolor psíquico, que lo ha tenido en cuenta, que muestra interés en ellos y en escuchar qué significa para cada uno vivir de este modo -o qué significa su no vivir.

Coincido e incido en un punto que se expone en el programa sobre la necesidad de mayor atención psicológica en el sistema de salud, y añado, también, la necesidad de más psiquiatras que no tengan en la práctica el punto de mira sólo en la medicación como solución al sufrimiento. Además desde luego, defiendo una intervención siempre desde la subjetividad y no desde la categoría diagnóstica.

La ‘depresión’ es más allá de una etiqueta. No hay depresiones sino personas que sufren. Detrás de la diagnosticada ‘depresión’ hay un sujeto, persona que será siempre diferente a otra, cuyo dolor será diferente al de otro, persona con su propia historia, con sus propias palabras (o con la ausencia de éstas).

(Creer) saber qué le ocurre a alguien sin haberlo escuchado, es lo que me parece más patológico.

(Gracias a Georgina, Carmen, Iván y Noelia, por vuestras palabras).

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