quien soy yo identidad

¿Quién soy Yo?

¿Quién soy Yo? Hay momentos de la vida en los que alguien puede sentirse extraño a sí mismo, confuso o perdido sin saber quién es, sin lograr reconocerse. Son momentos que normalmente cursan con angustia, no encontrarse a uno mismo hace tambalear los cimientos de la propia subjetividad.  ¿De qué trata esto? ¿De qué hablamos cuando nos referimos a la Identidad?

La identidad es un sentimiento que resulta de un complejo proceso de construcción de la propia imagen y del relato que uno se hace sobre sí mismo. Este relato de uno mismo se sostiene en el discurso del otro, pues la identidad se construye sobre la base de múltiples identificaciones. El sentimiento de sí puede verse afectado por los cambios y las pérdidas, y en este sentido la identidad es también una búsqueda, un ejercicio de reconstrucción. La identidad es un decir-se, y en la pregunta de Quién soy, puede ponerse en juego el duelo por aquello que ya uno siente que no es, o aquello que esperó ser y no pudo, o lo que siente que es o que no es, o el quién quiere ser y lo que espera que será…

La identidad como vemos no es algo estable y va cambiando a lo largo de la vida, a raíz de los avatares que se presentan y los duelos que han de ir afrontándose. Se trata de una experiencia subjetiva, un reconocimiento de sí que irá variando en el devenir de la historia subjetiva.

Este proceso siempre está en movimiento y existen dos momentos importantes en su construcción. Encuentra sus cimientos en la infancia, pues el niño se reconoce en la imagen que sus padres y el mundo adulto le dan sobre él, a la manera de un espejo donde se ven reflejados. Luego el adolescente pondrá en cuestión esta imagen y hará el trabajo de desasirse de estas identificaciones, teniendo la oportunidad de poder hacer otras nuevas, en un trabajo de separación y duelo (duelo que los padres, por su parte, también habrán de hacer).

La identidad da la ilusión de ser algo fijo, estable, sin embargo este sentimiento de sí se ve afectado por las pérdidas; más bien la estabilidad tiene que ver con la manera en que uno puede hacer el duelo. La vida es una sucesión de pérdidas, si bien toda ganancia implica una renuncia, tal es el coste del crecimiento psíquico. Por ejemplo, ya el bebé perderá la teta, perderá luego el chupete, pero ganará el habla y muchas otras cosas en su lugar. Cada pérdida supone una investida al narcisismo y el sujeto habrá de ir recomponiéndose, así como irá reconstruyendo el relato sobre sí mismo sobre la base de las nuevas experiencias. La identidad entonces tiene también que ver con la manera en que se viven estas pérdidas.

¿Quién soy yo? Si llegar a hacerse esta pregunta supone reconocer que la respuesta ha de construirse, que la identidad no es una entidad estática y que en ciertos momentos vitales puede ponerse en cuestión, poder contestarla (respuesta que en realidad nunca es completa), es muy importante para el sujeto. En la pregunta de Quién soy yo, la mirada del otro se pone en juego en cuanto la identidad implica el reconocimiento de un otro que me constituye.

Como decía al comienzo, puede ocurrir que surjan momentos de pérdida de identidad, lo que se produce como la experiencia de algo inquietante, llegando a causar angustia. El niño más pequeño no se cuestiona quién es, primero lo va a ir recogiendo de los demás y así haciéndolo suyo. La adolescencia es un tiempo de incógnitas por resolver, la del propio cuerpo, la de los otros, la de la sexualidad… Pero el sujeto no es -al menos no es solamente- su identidad. Quien yo creo que soy, choca con aquello que me ocurre, con cómo pienso o me comporto, con las fantasías que tengo… golpe de real que asoma y sorprende al sujeto. Lo que quiero, no es lo mismo que lo que deseo. El encuentro del sujeto con su propio deseo trastoca los ideales en los que se sostiene su identidad.

La identidad es una ilusión de unidad por la que el sujeto se convence de quien es. El análisis da cuenta de cómo la identidad se construye, señala la ficción que ésta supone, pues va reinventándose, al mismo tiempo que presentifica su real. A lo largo de las sesiones se da un proceso de historización en el que uno va re-construyendo su propio relato, para en un segundo momento hacer caer las identificaciones, movimiento el cual le hace a uno encontrarse con aquello que le hace diferente a los otros, que le hace particular en su ser, reconociendo su propio deseo y dando cuenta de aquello que lo sostiene.



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